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Mostrando entradas de febrero, 2011

Un zancudo en el mar

A más de dos años he vuelto a visitar una playa, en un comienzo sentí temor para lanzarme a nadar, pero tuve que despojarme todo aquello que me inhibió en esta semana para volver a sumergirme en ese inmenso mar que me provoca desde que tengo ranzón.
El verano en Lima es conocido porque la gentita va a la playa, comer harto helado y chupete –algunos marcianos se comen entre sí-. También aumentan los mosquitos o zancudos como los llamamos por acá, y qué hacemos para que jodan con sus piquetes… bueno, usamos repelentes, Raid –si, no tienes mucha plata, Sapolio-, es casi inevitable. Es por eso que aparecemos con granitos rojos en cualquier parte de cuerpo y nos lo rascamos como perros piojosos. Siempre he luchado contra estos zancudos que zona traídos por los jardines que hay cerca al departamento donde vivo. Sin embargo, me ha tocado sufrir lo que sienten estos insectos. Soy un zancudo. Me he sentido repelido, una amenaza. ¿Cómo? ¿Por qué? Hace dos años me contagié de Hepatitis B y luego de…

Día de San Volantín

Hoy es lunes, ¿en serio? Sí, porque ni me percaté que llegó el celebrado 14 de febrero… A diferencia de los años anteriores, no he recibido miles de correos para decirme: “Ingrato, escribe”. Sólo sé que hace dos días creo haber brindado en memoria de todos esos amores efímeros… bueno, todos terminan siéndolo.
Hasta ocho horas continuas duran las lluvias en esta ciudad. Sólo leo en los periódicos locales cómo se inundan las zonas más pobres y me quedo con un nudo en la garganta sin poder reportarlo… por eso estuve bajoneado, no me quedó otra que quedarme tras la ventana viendo el cielo nublado terminando de escribir relatos que dejé inconclusos.
No soy pollo, aunque más parezco codorniz, pero mejor voy al grano.
Había una vez… no, así no empieza. Érase un sábado que un pelado salió junto a pata (pelado en potencia) a chupar (tragos), fueron de aquí para allá porque todos los bares estaban llenos. -Rebobinando- Sólo vimos a bastante gente parada en el umbral de los locales mirando como medi…

Yo sólo quiero escribir

No cesa la lluvia. Van más de seis horas, pero gracias a la buena mojada que me dí pude liberarme de esa sombra negra que me dejó la negación de contrato en la redacción de un diario.
Esta pequeña historia se inició desde la última semana de noviembre del año pasado cuando mi profesor de Redacción Periodística IV me menciona que en el diario local estaban convocando para hacer prácticas pagadas, desde ese momento ya me temblaban las piernas por la emoción que me provocaba sólo imaginar el que se llegue a concretar. El 27 de diciembre por la noche viajo a Lima para rendir unas evaluaciones, unas cuantas, unas cuantas preguntillas, razonamiento matemático, razonamiento verbal, cultura general, ceviches, huevos y sandías. Sufrí de un deja vu antes de retornar a Huancayo. Esperé, esperé y esperé. Culminaron las clases, empezaban las lluvias y seguí esperando. Un viejo amigo de Lima llega de visita con su mamá, aprovechamos la ocasión para irnos a tomar unas cuantas cervezas a mi bar favorito, …