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Mostrando entradas de marzo, 2011

Fugitivo

Se han terminado las vacaciones. Me siento como un fugitivo. Ahora, los mejores recuerdos de estas vacaciones. Ahora que estoy loco Elbow, un gran grupazo, todo intento relacionarlo con ellos. Uno de sus videos es Fugitive Motel (2009), en el que vemos a un desesperado Guy Garvey en busca de algo tan simple y sensacional que es el ocaso.
Y sí, me fugué de Huancayo para estar en Lima el 4 de marzo, día exacto para dar un pequeño viajecito y ver el ocaso desde mi lugar favorito, a diferencia de los años anteriores, en esta ocasión me acompañó mi amiga Tefa, quien pudo sacar buenas tomas del momento.
Momento en el cual pude ver esa eternidad plasmada de color rojizo en el cielo mientras mi cuerpo estático iba en movimiento.
Llegué a aquel lugar y me sentí en paz.
Fui a la playa, me reecontré con algunos amigos del colegio, caminé, caminé y caminé por el centro de Lima. Conocí a un pata que es músico y que es un mate de risa.
Y como todas las cosas tiene que llegar a un estado de reposo total o…

Un mar de música

La gripe vino sin avisar y me dejó con todos los síntomas en pleno verano (asolapado), así que no me quedo otra que comer un rico ceviche y escuchar todos los discos que bajé esta semana (Elbow, Spacemen 3, The Black Keys y Adele) y curarme frente al mar.
Imaginé que me había hecho totalmente inmune a la gripe (en cualquiera de sus variantes), sin embargo, a más de un año volví a contagiarme de este virus que es típico circule en el cambio de estación.
No me automedico o compro pastillas para aliviar los síntomas, prefiero aguantarme la fiebre, el dolor muscular generalizado, el dolor de cabeza, el catarro, etc... y compartirlo en la cabina de Internet, en el bus, en la casa, el centro comercial o cuanto lugar se pueda al estilo de la ceguera de Saramago.
Pero para evitarme tremenda epidemia opté por permanecer en casa, lo que me permitió echarle más ojo a los libros y revistas que compré en Quilca hace unas semanas y... por supuesto escuchar música mientras termino un relato que se está…

La muerte es volátil

Fernando, mi abuelo de línea paterna, es carpintero, su especialidad es hacer jaulas para conejos, cuyes, gallinas y todo aquel animal que lo necesite o sea obligado por su dueño; otra es hacer baúles, por eso cuando cumplí veinte años le pedí uno y hasta ahora sigo esperando. En su séptima década tuvo un pasatiempo más entretenido: adoptar animales.
El 2008, año que regresé a vivir a Huancayo en la casa sólo había un perro blanco con manchas negras, una específicamente le cubría la mitad de la cabeza, por eso lo llamaron Pirata, y un gato de pelaje rubio, éste tenía una historia felina: su progenitora visitó el cuarto de mi abuelo que da a la parte “antigua” (como lo llamábamos) que está construido de adobe y quincha; visita por azar tal vez, mi abuelo la adoptó -a la fuerza-, la encerró en su cuarto, le dio comida y cama, no fue para más: el instinto de los animales cumplió su proceso natural. Luego parió -no, de mi abuelo no fue, claro-, pero fungió de papá ya que la gata desapareció…